martes, 2 de septiembre de 2014

¿POR QUÉ NOS OLVIDAMOS DE LO BUENO QUE NOS PASA EN LOS MOMENTOS DIFÍCILES?



  

Para pensar...

¿POR QUÉ NOS OLVIDAMOS DE LO BUENO QUE NOS PASA EN LOS MOMENTOS DIFÍCILES?

Emmanuel Sicre, SJ
Sucede muchas veces en la vida que estamos mal con la realidad, las personas, con Dios. Y pareciera que nunca estuvimos bien, o al menos que ya no se puede. ¿Es que acaso desaparece aquello que nos hizo feliz en algún momento? ¿Dónde está? ¿Por qué se fue? ¿Volverá?



EL BAJÓN 
Nos lleva tiempo comprender a través de los años que no podemos manejar nuestro mundo interior, sino que hay que interpretarlo y, en el mejor de los casos, conducirlo. No hay control de las emociones y sentimientos que no termine en estallido. Si no atendemos la envidia, los celos, la ira, el deseo de venganza, la culpa, la intolerancia, el prejuicio, en fin, las emociones y sentimientos negativos para ver qué mensaje nos están trayendo, tarde o temprano terminaremos convirtiéndonos en lo que menos queremos. Seremos seres amargados, envidiosos, intolerantes, celosos, miedosos, atormentados, vengativos, resentidos, prejuiciosos, hirientes, es decir, negativos.

En cambio, si logramos prestar atención a esto podremos sacarle provecho 
para que la envidia revele que necesitamos aceptar las carencias, 
para que los celos muestren que tenemos que trabajar sobre nuestra autoestima, para que la venganza saque a la luz nuestro amor por la justicia, 
para que la culpa no torture nuestra conciencia con falsos moralismos, 
para que la intolerancia destape el gusto por la armonía del mundo, 
para que el prejuicio dé cuentas de nuestros miedos a lo diferente, 
para que las heridas en vez de convertirse en espada para herir por donde me hirieron, puedan ser bálsamo de compasión para los demás, 
para que lo negativo en nosotros se transforme en fuerza de vida. 


UP
Pero también sucede que en algún momento de la vida toda esta lucha con la negatividad queda en suspenso por un tiempo y aparece la mejor versión de nosotros mismos. Alguna circunstancia, evento, encuentro o hecho misterioso, ha logrado despertarnos.  Aparece en nosotros una cierta levedad que trae la aceptación de la realidad, de los demás, nuestra sana estima florece frente a nuestros temores, una seguridad nos hace confiar en los demás, comprendemos nuestros errores con paciencia y humor, la paz visita los bordes del alma y participamos con esperanza en una armonía de las cosas. Nuestros fantasmas parecen diluidos en el entusiasmo de los proyectos y las buenas relaciones con todos. Nos conmueve la realidad y se nos amplía el corazón solidario. En fin, somos conscientes de la fuerza de la vida habitándonos. 

Y DE REPENTE.... LA PARADOJA
Otro momento interior logra anular toda la positividad que nos provocaba el estado de felicidad. Nuevamente algún recuerdo o circunstancia detonó aquello que estaba suspendido reactivando el pozo de las desgracias! 
¿Qué ha pasado? ¿Cómo es que vamos y venimos de un estado de felicidad y plenitud a otro de desolación y pesimismo? ¿Qué clase natural de ciclotimia es esta? Es cierto que hay situaciones concretas de dolor, injusticia, desencanto, engaño, falta, prueba, que nos desencajan y trastornan todo. Pero, ¿por qué no encontramos el modo de sostener la paz? ¿Por qué no podemos vivir una desolación en paz, sostenidos? 

LA MEMORIA HISTÓRICA
Si nos desesperamos demasiado y no podemos vivir en paz es porque nos han robado la memoria de la consolación. La memoria de aquella certeza de que la fuerza de la vida nos habita ha sido arrebatada por el olvido de manera engañosa simulando que nunca pasó. Pero, en verdad, tanto la consolación como la desolación son estados históricos de la persona y están grabados en lo profundo de nuestra sensibilidad. Por lo tanto, lo que hay que sostener es la memoria porque su fragilidad y su riqueza no deben ser capturadas por nada. Porque su valor radica en su ejercicio insistente. 
Es fundamental recordar, hacer memoria, traer los momentos felices.
Porque no es un acto ingenuo de quien se evade de la realidad para no enfrentarla, sino un acto sabio de quien busca en su propia historia las brasas de la felicidad para que no se apaguen.  






4 comentarios:

  1. Emma, te felicito, excelente post, y lo que creo que es lo mejor que te puedo decir... es que me ayudó!

    ResponderEliminar
  2. Hermoso mensaje. Me trajo mucha paz. Gracias !!!

    ResponderEliminar