viernes, 9 de febrero de 2018

PREGUNTAS A UN DIOS QUE PERDONA


 Por Emmanuel Sicre, SJ


Bosman
¿Qué te mueve, Señor, a esperarnos tanto? ¿Qué es esa paciencia?
¿Qué buscas en nosotros aún cuando te rechazamos?
¿Cómo haces posible el perdón cuando el mal duele tanto?
¿Cómo es posible que ames a todos, absolutamente a todos, sin pedirles nada?
¿Cómo te las arreglas para corregirnos de esa manera tan eficaz, silenciosa y bella que nos hace tirar la piedra con la que condenamos a los demás?
¿Cómo sabes, Señor, que el llanto sobre lo que no podrá ser sino aceptado, es sanante bálsamo para desamarrarnos?
¿De dónde esa astucia con la que. transformas los recuerdos más dolorosos en memoria fecunda y sabia?
¿Por qué insistes hasta morir y resucitar para liberarnos de lo que no podemos soportar solos? 
¿Qué necesidad tenías de construir y cruzar el puente y reconciliarnos contigo?
¿Por qué te empecinas en sanar nuestras heridas y besar nuestras cicatrices? ¿Qué encuentras allí?

Eres demasiado perdonador para mi gusto algunas veces, pero no encuentro forma más hermosa de ser Dios que buscándote/nos incesantemente hasta encontrarnos y hacernos uno contigo en el amor. 

martes, 23 de enero de 2018

¿CÓMO EMPEZAR A PERCIBIR A DIOS, (el de JESÚS)?



Por Emmanuel Sicre, sj

Para creyentes y no tanto la pregunta por Dios resulta persistente. A veces inquieta, a veces apacigua, a veces roza con suavidad los bordes de la vida, a veces cala hondo en el sentido de la existencia humana. Lo cierto es que viene siempre a visitarnos e invitarnos a algo.
Las respuestas son múltiples y, dependiendo del momento en que nos agarre, podemos acogerla, evadirla, negarla, patearla para más adelante, enojarnos, sincerarnos, distraernos, actualizarnos... En fin, el tema es que volverá y tendremos que ver qué hacer con ella.

Todo esto nos lleva, entonces, a preguntarnos cómo es percibir a Dios, dar con su presencia entre nosotros, experimentarlo de algún modo, acercarnos a su misterio. En esto, a menudo, nos ha ayudado la naturaleza que, desde su inmensidad deslumbrante o su caprichosa hermosura, nos ubica en la actitud justa para percibirnos a nosotros mismos delante de lo que nos es imposible: la pequeñez.
Eclipse por Alejandro Marntetti
Así, cuando el ser humano se toma un momento y reflexiona, medita, ora sobre lo que hace o lo que vive, puede comprender que allí se combinan varios elementos fundamentales: su ser en construcción; su estar en un contexto determinado histórica y geográficamente; y los demás seres con los que convive en una sociedad, en un grupo humano, en su familia. Pero, cuando, consciente de todo ello, encuentra, además, que hay una especie de ‘plus’ en su actuar en el mundo que va a más allá de su deseo, comienza a entrever que no todo lo que hace es fruto de su capacidad como sujeto de acción, incluso colectivamente. Se trata de aquello que sucede “de más”.
Surge, entonces, una pregunta más honda acerca de cómo dicha acción que obramos puede transformar la realidad de los demás hombres en favor de ellos, dotándolos de un sentido aún mayor del que preveíamos. ¿Qué es ese plus de sentido, de vida que percibimos como un caer en la cuenta de que hay algo más allá de nosotros mismos? ¿Cómo es que la manifestación de este ‘plus’ se hace tan clara a los sentidos compartidos no sólo por uno mismo? ¿Qué sostiene nuestro compromiso por continuar haciendo aquello que nos llena de un sentido no provocado, sino donado, regalado gratuitamente? En efecto, nos estamos preguntando por el bien inmerecido, desproporcionado, que recibimos de lo que vivimos con pasión.  
En efecto, cuando el hombre ha caído en la cuenta de que se le da algo mucho más grande de lo que él dio con su accionar, y reconoce que nunca podría pagarlo o devolverlo por sus propios medios; y que, asimismo, desea con todo su ser seguir acrecentado esta experiencia que lo plenifica y lo abre a los demás con su trabajo; se transforma y se encuentra con la revelación gratuita, personal, impredecible, inaplazable, e inolvidable del Dios de Jesús.


sábado, 23 de diciembre de 2017

SI LA NAVIDAD FUERA EN EL TRANSPORTE PÚBLICO

por Emmanuel Sicre, sj


Un trabajador mañanero de esos que esperan al sol con el mate salió esa madrugada como siempre. Acorralado en un colectivo lleno de personas iba a cumplir con su rutina. Mientras dejaba pasar miles de pensamientos por su mente, lo visitó una promesa que había escuchado desde niño en labios de su abuela. Dicha promesa rezaba: “todo va a cambiar alguna vez para nosotros y seremos felices”. Con certeza podía decir que la vida no había sido fácil. Extrañado aún de haber recordado aquellas palabras, sintió que desde lo más hondo del corazón le brotó un inexplicable deseo ver a Dios. Y entonces su viaje comenzó a tomar otro cariz. Empezó a mirar a todos a su alrededor como si fueran sus hermanos. “¿Qué tal si todos hubiésemos compartido la misma infancia, los mismos juegos, los mismos padres, los mismos sueños? ¿Y si todos escucharon a la abuela pronunciando la promesa?”, se decía mientras su ánimo recobraba un vigor propio de un joven enamorado o de un niño esperando a los reyes magos. Sin embargo, no le faltó la sospecha horrenda de que la promesa de la abuela o era demasiado grande para ser verdad, o era un cuento de hadas. Ambas, le provocaban cierto temor. Fue entonces cuando, en el medio del tumulto pegajoso del transporte público, el calor de diciembre, y el estresante clima político del momento, vio entrar a una mujer con una niña muy chiquita en sus brazos. “Mmm, ¿y ahora?”, se dijo para adentro. Estaba demasiado lejos como para ayudarle a encontrar un asiento. De repente, todos en el colectivo hicieron un silencio asombroso y prestaron atención a la escena. Un tipo de auriculares apagados se paró y le cedió el puesto con dulzura. Fue, por lo menos y en estos tiempos que corren, algo raro. Todos tranquilos volvieron a concentrarse en su viaje. Pero la sorpresa no acababa allí. Los tres extranjeros que venían a su lado hablando con orgullo una lengua incomprensible apuntaron para el asiento de la madre y su niña. Otra vez silencio. Todos expectantes. Sin mediar palabra le acercaron una botella de agua fresca que sudaba, una toalla limpia para secarle la transpiración del rostro y un sonajero de campanitas de colores que sonaba tan armónico que todos los que venían escuchando música suspendieron sus aparatos. “Ahora sí”, se dijo a sí mismo. Y es que en el momento en que la bebé sonrió a carcajadas y todos en el colectivo rieron con ella, descubrió que la promesa de la abuela no sólo era real, sino que todos la habían escuchado alguna vez.

Que Dios nos regale escuchar la promesa, abrir los sentidos y dejar que lo de siempre se convierta en camino a Cristo que viene.


jueves, 26 de octubre de 2017

PREGUNTAS a la DIMENSIÓN ESPIRITUAL RELIGIOSA del HOMBRE

Por Emmanuel Sicre, sj

Ante el desafío de una educación que forme "hombres para y con los demás" según nuestro paradigma ignaciano, necesitamos transitar cada vez con más intensidad el camino de la integralidad en nuestra propuesta. Por eso, directivos, docentes, familias y chicos del Colegio del Salvador miramos el horizonte del MAFI (mapa de aprendizajes para la formación integral) para caminar sin distraernos. A fin de profundizar en la dimensión espiritual religiosa les presento algunas preguntas en forma dramatizada que podrían dar mayor claridad en torno al tema.



Diálogo con la Dimensión Espiritual Religiosa (DER)
(La DER es presentada a todos, entra y la saludo. Luego comienza el diálogo).
-Docente: Desde que estamos con esto del MAFI es que tengo ganas de preguntarte ¿por qué sos tan importante? No sé, es como que ahora has sido posicionada al nivel de lo cognitivo y de lo afectivo, pero ¿es para tanto? Está bien que sea un colegio religioso, pero aquí la gente viene a estudiar.
-DER: Entiendo lo que me decís. Intentaré responderte. Presiento que puede haber algo de confusión allí. Estamos viviendo en un mundo donde el ser humano está expuesto constantemente a distintas amenazas. No es una novedad. Pero hay algo que me parece muy triste.
-Docente: ¿Qué? 
-DER: Que el hombre parece no darse cuenta de que necesita cuidarse a sí mismo, cuidar a los demás, y al mundo para no destruirlo todo. 
-Docente: ¿Y qué puede hacer el hombre para poder vivir mejor? 
-DER: Tiene que atender a que es un ser humano integral y darse el tiempo de aprender a discernir lo que le pasa, pensar, pero también de relacionarse con los demás y con su dimensión espiritual. Si no fracasará porque será un cabezón sin corazón ni alas, o un corazón sin razones para ir más allá, o un ser volado sin realidad. 
-Docente: Y ¿cómo podemos ayudarlo para que te preste atención, Dimensión Religiosa?
-DER: Creo que primero hay como que “desprivatizarme”. Mientras pensemos que soy una dimensión solitaria y sin relación con lo demás, seguirán probablemente confundidos y tentados. 
-Docente: ¿Tentados?
-DER: Sí, tentados de pensar que soy algo demasiado subjetivo y complicado. 
-Docente: ¿Cómo?
-DER: En muchos lugares la gente piensa que la dimensión espiritual religiosa es un invento de las religiones para subyugar las conciencias de las personas. Entonces, en vez de estudiar más, conocer y experimentarse como seres humanos espirituales y en relación con Dios, se cierran y prefieren el “analfabetismo espiritual religioso”. O al revés, toman licuado de “fes” y terminan en algo espiritualista y desencarnado de la realidad onda New Age, o una “religión a la carta” y sin compromisos con los demás.
-Docente: ... y a veces tienen razón. 
-DER: Sí, puede ser que la historia de las religiones sea tan humana como cualquier historia, la del cristianismo no está exenta, pero de ahí a pensar que algo propio del ser humano como es su dimensión religiosa y espiritual sea algo así como una “amenaza”, me parece curioso. ¿Por qué no pensar igual de la dimensión cognitiva por la que se han desarrollado inteligentemente tantos mecanismos de destrucción de la humanidad? ¿O de la dimensión afectiva por la que hay personas, o pueblos enteros, que viven con rencor toda su vida sin poder conseguir la paz? Tenemos que darnos cuenta de que las tres dimensiones estamos funcionando simultáneamente. Cada vez que el hombre piensa pone en acción sus afectos y su espíritu, así como cuando ama, piensa y se eleva, o cuando se sacrifica por los demás piensa y ama. Los seres humanos son un entramado de estas tres dimensiones.
-Docente: Es cierto. Pero, ¿cómo podríamos tomarte más en serio, Dimensión Espiritual, si a veces sos tan compleja? Aquí hacemos muchas cosas para tenerte presente y parece que nunca alcanza. Actividades y más actividades, y nos cuesta llegar a los chicos, a las familias, al corazón incrédulo de este tiempo que parece adormecido por el consumo y la lógica de la competitividad. 
-DER: Ese es el problema: pensar que hay que hacer cosas. 
-Docente: Y ¿entonces?
-DER: Hay que abrir el corazón, la mente y el espíritu para darse cuenta de que todo el Colegio puede estar impregnado de lo espiritual. ¿Acaso no decía san Ignacio que “Dios está en todas las cosas y todas las cosas en Él”? 
-Docente: Sí, pero ¿qué Dios?
-DER: El Dios del Amor del que habla Jesús, el que nos enseña que somos todos iguales, que debemos respetarnos, acompañarnos y amarnos como somos, sin odiar, ni discriminar, ni dañar al otro. 
-Docente: Sí, pero no todos creen en ese Dios.
-DER: Pero ese Dios de Jesús está dispuesto a respetarlos infinitamente. No podemos dejar de comunicarlo. ¡Sería un desperdicio! Alguien tan bello, tan sano, tan preocupado porque estemos bien, seamos felices y podamos sobrellevar nuestros sufrimientos con amor, no puede ser dejado de lado. ¡Es un tesoro inmenso!
-Docente: Tiene sentido. Entonces, ¿quiénes están implicados en atenderte aquí, DER?
-DER: ¡TODOS! Absolutamente todos. Desde quien trabaja con números, al que está en pastoral, desde quien limpia como quien dirige la institución, desde quien saca cuentas como quien repara cosas. Cada uno a su ritmo, a su tiempo, pero todos están invitados a valorar y crecer su Dimensión Espiritual Religiosa, primero en sí mismos y después en quienes sirven. Este es el antídoto contra un mundo herido de egoísmo y superficialidad.
-Docente: ¿Eso significa que ahora tengo que evaluar a los chicos en su Espiritualidad y Religiosidad, así como en las demás dimensiones?
-DER: ¡NO!!!! ¡Yo no puedo ser evaluada como un examen que hay que aprobar!!! De ninguna manera.
-Docente: Entonces, ¿qué podemos hacer con vos?
-DER: La dimensión espiritual religiosa de una persona puede ser valorada, acompañada, sopesada, discernida a partir del modo en que un chico se revela en su día a día o en momentos muy concretos como una charla personal, un campamento, un testimonio, una clase, un cuestionamiento hondo, una actitud solidaria; en fin, cuando decimos que una persona nos toca porque es capaz de amar y ser amada en cosas concretas. Y uds. en su compartir con los chicos son capaces de ver esos signos de amor más de una vez. Incluso ellos mismos pueden valorarlos y percibirlos. Por eso hay que dejar registro de esto, para que la memoria se nutra de cosas valiosas y el mal espíritu no las arrebate.
-Docente: ¡Es cierto! Es de las cosas más lindas que nos pasan aquí en el Colegio. 
-DER: Bueno, eso es valorar la dimensión espiritual religiosa. Saber rescatar, en el más mínimo deseo de trascendencia, que el Dios de Jesús está haciendo su trabajo de construcción del ser humano. Tal como lo ha hecho y lo sigue haciendo en uds. Entonces, más allá de las actividades concretas que son necesarias, se trata de una actitud de valoración positiva hacia lo espiritual religioso que les ayude a los chicos también a valorarla en sí mismos.
-Docente: Es cierto, si los grandes lo hacemos, lo chicos tarde o temprano lo harán. Somos muchas veces su reflejo.
-DER: Y aquí Uds. cuentan con una gran ventaja.
-Docente: ¿Cuál?
-DER: Son una comunidad. Y yo sólo puedo crecer en comunidad, en relación. Eso es el Reino que comunicó Jesús.
-Docente: Me perdí. ¿Cómo el Reino de Jesús?
-DER: Claro, el amor de Cristo está en Uds. Sólo hay que dejarlo salir para que florezca entre nosotros.
-Docente: ¿Y cómo podemos hacerlo salir?
-DER: Aquí tienen muchos medios para despertarme en cada uno de uds. Y en especial, de los chicos. En primer lugar, es necesaria una actitud interior de respeto por lo espiritual de cada uno. Después, las múltiples cosas que hacen para tenerme presente: la pausa ignaciana, los ECC, los Ejercicios Espirituales, la relación personal con los chicos, las reconciliaciones, las preguntas importantes y hondas, la generación de espacios de escucha y atención a la vida, …
-Docente: Guau!!! ¿Todo eso?
-DER: No! Esperá que hay más! Los talleres, las actividades solidarias, la lucha por la dignidad, el trabajo con las familias, el dar gracias y pedir a Dios, las fiestas y celebraciones, las charlas personales, el acompañamiento espiritual, las Eucaristías, la oración. Cada vez que acompañan y se involucran en esto, aunque a veces siempre hay cosas más urgentes, todas estas cuestiones son motivo para que yo pueda crecer en Uds. y en los chicos.
-Docente: Pero no todos están dispuestos a esto. Es un trabajo enorme motivar a todos a atenderte con tantas cosas que tenemos que hacer los docentes.
-DER: Tenés razón, es un desafío grande, pero tenemos que soñar con una educación que les sirva a los chicos a vivir en un mundo muy complejo en muchos niveles y distinto al que nosotros crecimos, tenemos que “des-aprender” muchos modos que ya no nos sirven en la educación y animarnos a aprender con los chicos a cuidar lo importante en todos.

-Docente: Gracias Dimensión Espiritual Religiosa por ayudarme a comprenderte mejor.